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Anomia

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Lugar: Las Palmas de Gran Canaria, U.E., Spain

viernes, enero 14, 2005

El espíritu del Dr. Mengele resucita en la democracia española.

En la actual ola de mercado biomédico, diseñado con las premisas del Dr. Mengele, se puede oir en off:


1. enfermar o no es una cuestión moral y, según los pueblos, puede ser también una cuestión jurídica si la norma de derecho natural o de derecho positivo impera en sus sociedades.

2. las personas no tienen derecho a enfermar a otros y, puesto que cada persona es siempre un otro, ninguna persona tiene derecho a enfermarse voluntariamente.

3. por lo tanto, se ha de comprender y se comprende -tururú- que, enfermarse voluntariamente es contrario a la moral y al derecho naturales y, según los pueblos, puede y debe ser también asumido como contrario al derecho positivo.

4. de donde se ha de deducir y se deduce -tururú- que toda persona enferma tiene la obligación moral y, según los pueblos, también jurídica de recurrir a un profesional médico y pagar su cuota de mercado.

5. por ello es razonable la afirmación de que fumar puede matar, luego, es contrario a la norma moral y al derecho naturales y, según los pueblos, también contrario al derecho positivo cuando éste se asume como debe ser.

6. en conclusión, el Estado tiene el deber de reprimir mediante multas y penas aquellas conductas que la ciencia estime como favorables al desarrollo de ciertas enfermedades pulmonares.

7. o, lo que es lo mismo, el Estado tiene el deber de velar por la salud de los cuerpos de sus súbditos -tururú- o, eufemísticamente, ciudadanos, ya que son indispensables para el consumo de los productos industriales y mantenimiento del mercado, sin el cual no habría sociedad posible.

8. Para terminar este compendio, a título de ejemplo, los cerdos de los ciudadanos -tururú, tururú- también son necesarios, pero no son indispensables para la sobrevivencia del mercado, productor-consumidor, por lo tanto tienen sólo un derecho veterinario, lo que va más allá de nuestra disertación canóniga.

Las personas demócratas respetan la moralidad de ciertas conductas, cuando el asunto es de índole sersuar, de acuerdo con el principio de igualdad de sersos, lo que implica igualdad de derechos, de razas, etc., etc., etc. hasta el peldaño más básico de la escala evolutiva. Esto es pensar inteligentemente, pues el uso de la doctrina de Aristóteles es cosa fácil, sobre todo cuando se es demócrata -tururú, tururú, tururú- o uno se tiene o se le tiene por tal. Me decía el otro día el dortor, mientras la barbera le rasuraba y casi le cortó cuando se puso a hablar de Penélope, o Pene López, no sé, no me acuerdo, porque ya salía yo pitando de la peluquería.

¡Asombroso!¡Asombroso!

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