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Anomia

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domingo, enero 16, 2005

La Ley y el Orden

En los tiempos de Felipe González, los socialistas quemaron todos los fetiches que portaban desde la izquierda. Lo políticamente correcto quedó como un saco, vacío de ideología proletaria, en el que aún quedaban en sus fondos las minorías: Homosexuales, lesbianas, divorcistas, ... porreros. Una población que no sólo era insuficiente sino que no era lo políticamente correcto para tirar de la mayoría oscilante del voto socialista, muy conservadora y folclórica. Lo políticamente correcto fue un sistema cerrado hecho trizas en manos socialistas. Se necesitaba con urgencia un sistema abierto, capaz de vender lo políticamente posible, ajeno a valores ya quemados. Había nacido el engendro: La política posibilista

Aznar, fiel a la línea dura de la ciencia política, se mantuvo en lo políticamente correcto: ¡Váyase, Sr. González!. Un mensaje que los españoles creyeron escorado hacia la ética, al aire limpio que ansiaban desesperadamente. Aznar no lo planificó, no es tan inteligente, a ciegas tocó el clavo. No tenía nada que ver con la ética o la moral, era simplemente la aplicación de las reglas políticas clásicas. Ganadas las eleciones, Aznar y su equipo, tenían que mostrar una imagen de coherencia entre lo real e inconfesable -no hubo compromiso ético en lo políticamente correcto de Aznar- y lo que la gente creía y debía ser asumido -lo políticamente correcto de Aznar consistía en un compromiso ético-.

Aznar se encontró con la necesidad de echar mano de toda la doctrina sofista que fuera capaz de manejar. La "... commintment to moral principle; ..." de la orquesta de Bush -la Project for the New American Century- le sonó mejor que la Moral Católica de su cultura española y se embarcó, junto con Blair, en la bella Mayflower rumbo a América. Había decidido asirse al último engendro de la política posibilista, es decir, lo científicamente correcto dentro de lo políticamente posible contra lo científicamente posible dentro de lo políticamente correcto que fue, hasta el momento, para Aznar, lo ordinario. Y metió la pata.

¿Qué tenemos ahora?. Lo de siempre, lo que queda cuando todo se convierte en un desastre: La Ley y el Orden. Comenzará así a moverse la pléyade jurídica para ver cuántos quedan con los piés limpios en los Campos Elíseos.

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