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Anomia

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Lugar: Las Palmas de Gran Canaria, U.E., Spain

lunes, enero 17, 2005

La política, asignatura pendiente.

Cuando, quienes llegan al Estado y se convierten en directores de sus sociedades, son unos fraudes, sucede que se dedican a resolver mediante emisión y añadido de elementos para los códigos jurídicos lo que deberían solucionar por medios políticos, es decir, con el fomento del díalogo como vía fundamental para el orden ciudadano. Pero esto impone una conducta creativa al Estado, el diseño y puesta en práctica de un sistema educativo social para aprender a modificar los propios comportamientos por medio de la razón.

Los políticos fraudulentos embarcados desde hace un tiempo en la política de lo científicamente correcto dentro de lo políticamente posible, carecen de espacio para adoptar opciones, son políticos a piñón fijo o pilotos sociales automáticos. Su creatividad política ha sido reducida a la mecanicidad del método de lo científicamente correcto. La diversidad no es el producto evolutivo del fenómeno de la emergencia espontánea e imprevisible de lo novedoso en los sistemas naturales, sino simplemente no existe, todo queda establecido en las posibilidades preexistentes e invariables que determinan lo políticamente posible. Sólo les queda concluir qué sea lo científicamente correcto para resolver un problema y cuales son las posibilidades políticas existentes para ponerlo en práctica. No hay nada de qué discutir: Producir normas jurídicas -lo científicamente correcto- y promover los medios de fuerza sociales para que estas normas sean aplicadas -lo políticamente posible-.

La pregunta de si es científicamente correcto legislar para la generalidad de los ciudadanos -como entidad preproductiva-, frente -dialécticamente hablando- a la parcialidad de las entidades sociales productivas -comercios, negocios, etc.-, es no. Porque no es correcto desde el punto de vista científico tener por algo a eso que es una pura abstracción: El Pueblo. Y sí es correcto tener por algo a eso que dispone de unos medios de producción concretos y, por lo tanto, que puede ser manejado como una cosa. Es científicamente incorrecto la pretensión de hacer producir a las entidades concretas, pueden acudir a los tribunales -para los que han creado las normas-, y no lo es en el caso de la generalidad de los ciudadanos, porque no pueden acudir ni al Defensor del Pueblo que, por otra parte, es una inutilidad judicial, policial y militar.

La pregunta de si es políticamente posible actuar sobre la parcialidad de los medios de producción frente a la generalidad de los ciudadanos es, nuevamente, no. Porque la entidad política no puede atentar contra sus propios intereses inmediatos, es decir, sus relaciones con los medios de producción, a los que atribuyen la causación de la riqueza, el bienestar y su propio éxito político. Y sí es políticamente posible actuar sobre la generalidad de los ciudadanos, porque estos no son autónomos, carecen de voz y defensa concretas, constituyendo un auténtico disolvente incapaz de devolver la pelota, dentro de la inmediatez de la vida humana, a sus fuentes de origen. El pueblo pasa al Estado facturas políticas, de forma históricamente mediata, mientras los medios de producción le pasan facturas económicas, de forma históricamente inmediata.

Por ejemplo. El Estado, en manos actualmente del PSOE, no está recibiendo la factura política por la Reforma del Código Penal que realizó el PP. El PSOE se está beneficiando del colchón antimpactos, pero se dedica a crear más normativas -por ejemplo, de regulación del consumo de tabaco- a sabiendas de que el Pueblo no logrará hacerle responsable efectivo del pago de las facturas políticas que en su momento la aplicación de estas nuevas normas genere. Luego, la política de lo científicamente correcto dentro de lo políticamente posible funcionará a las mil maravillas -como el mito de la flecha, los Ciudadanos, que nunca llega a la diana, los Políticos- en tanto el Pueblo no genere sus propios medios de defensa de intervención inmediata, los cuales, como es razonable, van a ser atacados por la entidad política indivisa -PSOE y PP, por no citar al resto, siento vergüenza ajena-. Esos medios tienen una infraestructura: Internet.

¡Amárrense los cinturones, señores! ¡Bit ... bit ... bit ... aterrizaje forzoso sobre el Tsunami!.

El Estado se presta a colaborar con el poder económico, criminalizando conductas que los jueces han declarado lícitas en sentencia firme. Y se decide incluirlas todas juntas, en un solo artículo utilizado como cajón de sastre. A cada párrafo de dicho artículo le podríamos poner el nombre de una empresa de telecomunicaciones.

bit ... bit ... bit ... Mensaje: La concepción positiva del Derecho, basada en los votos -lo científicamente correcto dentro de lo políticamente posible- ha atentado clamorosamente contra la concepción natural del Derecho, basada en la razón -lo políticamente correcto dentro de lo científicamente posible-.


bit ... bit ... bit ...

Cualquier sitio web que informe sobre vulnerabilidades, mediante información técnica relativa a la seguridad informática, o que mediante links dirija a sitios de Internet donde se ofrezca dicha información, puede verse acusado de favorecer la comisión de delitos y verse sometido a un proceso penal. (Ciberdelitos y ciberderechos: Corren malos tiempos. Carlos Sánchez Almeida. TODO-LINUX.COM, La actualidad-Mundo Digital. Lectura del 17.01.05 )

bit ... bit ... bit ... ¡Tsunami!, ¡Tsunami! ... ¡Tsunami! ...





¡aúa!, ¡aúa!, ¡aúa! ... ¡Cerrad escotillas!

¡Inmersión!



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